¿El camino fácil es el más feliz?

“Un luchador no pierde la batalla porque se cae, sino porque no se levanta”. Una caída no siempre es física; no siempre se ve, pero siempre se siente.

Hace cinco años sufrí una caída. Permití que el miedo de volver a caer me ganara y dejé de hacer lo que más amaba: andar sobre dos ruedas. Vendí mi bicicleta, mi casco, mis zapatos…renuncié a todo.

Un tiempo después de esto, mi mama, junto con unos amigos ciclistas salieron a rodar. Hubo un accidente, un irrespeto que causó la muerte de uno del grupo. ¿Cómo explicar el sentimiento? ¿Cómo explicar que alguien pierde su vida haciendo lo que le hace feliz? ¿Cómo explicar lo que sentí al recibir esa llamada, al pensar que pudo haber sido mi mamá?. Mi corazón palpitaba a mil por hora mientras esperaba la llamada que más temía. Fueron los minutos más largos. Sonó mi teléfono y, por una fracción de segundo, respiré al escuchar la voz de mi mamá que me garantizaba que ella estaba bien, sin embargo sus palabras fueron: “he perdido un amigo”. Era un hombre de una sonrisa eterna, deportista, con una actitud positiva, un hombre feliz con una familia por delante.Ese día el miedo se apoderó de mí. Reconfirmé que no quería montar una bicicleta nunca más, y que, a pesar de los momentos difíciles iba a ceder mi batalla al miedo.

El año pasado me subí a una bicicleta después de tanto tiempo. Lloré como nunca antes. Se me había olvidado lo que era sentir el viento en mi piel, el sudor, ese ardor en las piernas, la satisfacción cuando se termina la cuesta; esa felicidad plena. Poco sabía que unos meses después la vida me tiraría uno de sus tantos obstáculos y golpes. Salí a entrenar una mañana. Un conductor irrespetó un ceda y en dirección contraria venía yo. Mientras estaba tirada en la calle, con dolor en todo mi cuerpo, pensé que tenía dos opciones; quedarme ahí acostada y darme por vencida una vez más o levantarme. Me acordé de aquel dicho del luchador que tanto me decía mi mamá. Puse mis manos en el suelo, me levanté. Le di gracias a Dios por mi vida, por darme la oportunidad de, una vez más, volver a mi casa sana y salva.

Hoy, después de lo que he pasado y superado, tengo dos cosas que decir:

A usted, señor conductor, que anda por las calles de este país: Sobre un par de ruedas va una persona, un padre, hijo, hermano/a, un ser humano; que en la casa le espera una esposa, una familia, alguien que le ama y anhela volverlo a ver. Cinco segundos que esperemos detrás de un ciclista, puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. No podemos pretender tener un país armonioso y digno de presumir si no empezamos por respetarnos a nosotros mismos. Por favor tenga paciencia.

A ustedes ciclistas, deportistas, amantes del viento en sus rostros y de las madrugadas, la vida nos va a poner miles de obstáculos, de situaciones que nos harán sentir el miedo más profundo, vamos a querer dejar todo de lado, renunciar. Las metas son sueños con fechas de entrega, y se logran con perseverancia.El camino fácil no siempre es el más feliz. Más allá del miedo está la plenitud, la felicidad pura. La felicidad es una decisión y está en cada uno de nosotros. Yo elijo ser feliz. Los invito a lo mismo.

Artículo: Melania Campos | Fotografías: Team GoDry | Locación: San Josecito, San Isidro de Heredia |

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